Tarifazo innecesario y Vaca Muerta 

Debates

Martín Guglielmone

El autor es ex gerente ENARGAS.

Visiblemente apenado, el presidente Mauricio Macri declara: “No me gusta tener que llevar el precio de la energía a lo que vale”. En la comisión bicameral le preguntaron al exministro Juan José Aranguren cuál es el costo del gas de boca de pozo. “No lo conozco”, contestó. ¿Cuánto vale producir un metro cúbico de gas natural convencional en Argentina? ¿Cuánto un metro cúbico de shale gas?

El gas natural es, por mucho, el principal componente de la matriz energética argentina y el principal insumo de la producción de electricidad. El gas de boca de pozo es el componente principal que pagamos en la factura. A eso se suma el transporte, que lo acerca de los pozos a las ciudades y las distribuidoras, que lo dejan en la puerta de nuestras viviendas y emiten las facturas agregándole los impuestos.

Con el tarifazo de gas natural el Gobierno primero intentó llevar el valor del gas de boca de pozo destinado a las familias y pymes de unos 1,1 dólares (valor en 2015) a 4,7 dólares. Es decir, multiplicarlo cuatro veces en dólares pos devaluación de 2016. La Corte Suprema dijo que debían hacerse audiencias públicas —no vinculantes— para legalizar la medida. El Gobierno las cumplió con una novedad: se sensibilizó bajando el valor inicial de 2016 a 3,42 dólares, pero fijó un sendero de incrementos bianuales que llevarían el valor a 6,90 dólares en 2019. Es decir, redobló la apuesta.

Con astucia, en 2016 el Gobierno relataba que “la energía” (sin especificar) se producía por debajo de su valor y que la diferencia se subsidiaba. Contrario a lo que muchos puedan pensar, esto no era cierto para el gas natural producido en Argentina. La producción local era rentable aun con el congelamiento tarifario. El único subsidio interno apareció en 2012 luego de la nacionalización de YPF para incentivar el gas nuevo, se denominó Plan Gas y se aplicó a una parte pequeña del total producido. El subsidio significativo era el destinado a la importación de GNL, donde los productores locales no tenían participación alguna.

El aumento sideral se aplicó a todo el gas producido en Argentina sin que variaran los costos de producción ni se obligaran a invertir un dólar adicional. Además, como si los incrementos por sí mismos no fueran suficiente estímulo, se mantuvo y flexibilizó el subsidio del Plan Gas para impulsar Vaca Muerta. Así, nuestros impuestos siguieron sosteniendo el valor de 7,5 dólares para el shale. Aunque fuera, ¿se habrá derivado parte del aumento a pagar la importación de GNL así el Tesoro deja de hacerlo en soledad?

No. Conclusión: todo el tarifazo se destina a los productores locales que no dejan de cobrar el subsidio por el gas nuevo y tampoco contribuyen a pagar la importación.

¿Cuánto vale producir un metro cúbico de gas convencional en Argentina? ¿Cuánto un metro cúbico de shale? Sobre esto tenemos una certeza: los valores fueron fijados muy por encima del costo de producción, es decir, son discrecionales. Una decisión política.

Un informe muy citado de la Fundación Bariloche mostró sobre la base de los balances presentados a la SEC estadounidense por YPF, que el costo de producción promedio era de 1,9 dólares en 2016. Al momento de diseñar el tarifazo, el precio internacional para mercados desregulados que se toma como referencia, el Henry Hub, se ubicaba en torno a los 2 dólares. Hay datos recientes muy llamativos. La festejada exportación a Chile se está haciendo a 3,5 dólares (escándalo: este gas está subsidiado a 7,5 dólares) y la licitación de Cammesa hecha este año dio 4,2 dólares. ¿Por qué intentar llevarlo a 6,90 dólares y cargarlo sobre familias y pymes?

¿Y el shale? En 2018 la industria petrolera considera que ha recorrido la natural curva de aprendizaje para extraerlo competitivamente. Este proceso comenzó antes de 2012. Los costos por metro cúbico de producción vienen bajando año a año como es de esperar. El nuevo ministro Iguacel intenta seducir a los renuentes inversores externos con un powerpoint que se puede encontrar en la web y que habla de un costo de producción en Vaca Muerta menor a 3 dólares y retornos en dólares superiores al 20 por ciento.

La explicación técnica de por qué conceder esos valores siderales sin tener en cuenta los costos reales de producción es un invento original. Y evidencia la concepción ideológica del Gobierno. Lo que sigue es textual de un informe técnico del Ministerio de Energía de 2017: para la determinación del valor del gas, el Estado Nacional, debe establecer cuál sería el valor de referencia en un hipotético mercado desregulado, ya que una aproximación a ese valor facilitaría el tránsito hacia el mercado desregulado previsto en el marco regulatorio.

Al valor de referencia objetivo lo llamaron Import Parity. Significa que todo el gas producido en la Argentina debiera costar lo mismo que importarlo. Así, para los consumidores de gas sería indistinto comprarlo acá o afuera. De este modo, en un futuro indeterminado e ideal, los productores locales se verían incentivados a producir más, se eliminaría la importación y el Gobierno se desentendería del asunto.

Observen la contradicción: el valor de un mercado desregulado como el de Estados Unidos, llamado Henry Hub, estaba en 2 dólares cuando acá se inventó el Import Parity en 6,90 dólares. Un curioso mercado desregulado inducido por el Estado a más de tres veces su valor. Cambiemos se dio el lujo de otorgar estos aumentos acercando los valores a los mayores del mundo, poniéndolos por primera vez en la historia en dólares en las facturas a partir de 2018, retroalimentando el aumento de la electricidad, por lo ya dicho de que el gas es su principal insumo.

La carga cayó sobre las familias y las pymes que en 2016 ya venían sufriendo inflación crónica, presión impositiva récord y falta de crecimiento. Los montos involucrados “mueven la aguja” de la macroeconomía: se estiman unos 4 mil millones de dólares por año transferidos por 7 millones de usuarios a seis o siete petroleras sin causa (10% de las reservas del BCRA en 2016).

El Import Parity (tarifazo) es uno de los mayores desatinos de la historia energética argentina. Remite a aquella famosa anécdota que se dio en 1989 cuando el gobierno desreguló los hidrocarburos como paso previo a la privatización de YPF. Reunidos en la Secretaría de Energía, los presidentes de las petroleras recibieron el borrador del decreto antes de que empezara la reunión. “Nos regalan el petróleo”, dijo muy sorprendido el presidente de una de las grandes empresas no reconocida mundialmente por su perfil caritativo.

El tarifazo buscó estimular al “mercado” con un fenomenal premio anticipado. Si las empresas así lo desearan, invertirían sus mega utilidades en extraer nuevo gas en vez de girarlas al exterior y así hacer la contribución patriótica de eliminar las importaciones y hasta, quizás, en el mejor escenario, comenzar a exportar. Pero el lector atento dirá: “¿No es que además mantuvieron el subsidio a Vaca Muerta? Sí. ¿Entonces esas mega utilidades les quedan libres a las empresas? Sí. El Plan Gas que estimula el gas nuevo venía dando buen resultado desde 2012, la producción aumentaba sostenidamente y los productores estaban conformes. No era necesario el mega aumento generalizado.

¿Cuáles son los motivos de un tarifazo tan desmedido? Dejamos las certezas para pasar a las especulaciones, aunque tenemos algunos indicios. Algunos analistas sostienen una explicación muy difícil de comprobar, pero un dato real es inquietante. Los aumentos serían el compromiso del gobierno de “devolver” los ingresos que supuestamente las empresas dejaron de obtener con el congelamiento tarifario kirchnerista. Una revancha.

El dato: si se calcula el ingreso adicional que se esperaba para las empresas en 2016-2019 con el aumento anunciado antes de que la Corte exigiera las audiencias y con el que finalmente se aprobó, ambos dan, sorpresivamente, el mismo monto (recuerden que se reemplazó un aumento de una sola vez a 4,70 dólares por un sendero que terminaba en 6,90 dólares).

El objetivo no parecía ser siquiera el de lograr el inventado Import Parity que estimulara la producción sino un monto de ingreso determinado para las empresas en un período idéntico al mandato de Cambiemos.

Por otro lado, en una reunión con empresarios del sector, el exministro Aranguren dijo, haciendo alarde de su convicción usando la primera persona del singular, que aleccionaría al malacostumbrado consumidor argentino con un aumento tal de tarifas que lo haría bajar el consumo a, al menos, la mitad.

Otra versión algo más sofisticada de las razones del tarifazo es que el plan económico del Gobierno era endeudarse en el exterior para sostener el gradualismo fiscal y apostar fuerte a Vaca Muerta. En 5 años se pasaría a exportar GNL y así se obtendrían las divisas necesarias para encuadrar el peso del nuevo endeudamiento externo (pasó del 20% del PBI al 80%-90% actual). Una apuesta temeraria.

Vaca Muerta tiene sin dudas un gran potencial para nuestro país o para pocas empresas, según cómo se lo proyecte. YPF debiera estar liderando el proceso y apropiándose del conocimiento y las utilidades. Después de todo fue quien lo descubrió cuando la empresa era estatal. Pero lo están haciendo empresas más pequeñas como Tecpetrol.

Otro indicio. Como en todo emprendimiento, también existen algunos riesgos. Para algunos analistas internacionales las inversiones nuevas en hidrocarburos ya no son tan atractivas. El mercado podría saturarse en pocos años y las inversiones en shale de países periféricos perder incentivo. Existe una corriente verificable en los campus universitarios de Estados Unidos y fondos de inversión contraria a invertir en fósiles por razones de conciencia ambiental.

La inversión financiera internacional no es racional y se conduce por tendencias. Si estas se consolidan lo suficiente, la profecía puede autocumplirse. Lo cierto es que al Gobierno le está costando mucho encontrar nuevos inversores externos, más allá de las propias restricciones argentinas.

Desarrollar Vaca Muerta y llegar a exportar es un objetivo válido para nuestro país aunque quizás no la única salvación. Debemos pensar también en la demanda interna insatisfecha y que se trata de un recurso no renovable. Cinco provincias jamás tuvieron gas natural. El Gobierno interrumpió la construcción del Gasoducto del Noroeste (GNEA).

Pocos proyectos como este demuestran tan claramente la visión estratégica que se tiene sobre el desarrollo de un país. “El gasoducto que va donde no hay gente” le llaman en Cambiemos. ¿Cómo puede haber gente y producción si previamente no hay energía ni infraestructura?

El tarifazo es una conjunción de diferentes razones que se alinean perfectamente. El Gobierno tomó a la energía como la oportunidad de negocios por excelencia. Tiene todos sus ingredientes favoritos. La concepción ideológica de Cambiemos se traduce en negocios extractivos vinculados a los recursos naturales que, entienden, están reservados solo a grandes jugadores con “nafta suficiente” para cargarse la patriada.

Paradójicamente, parte de este sector hoy está muy desilusionado con el Gobierno. No cobran lo que el Estado les debe y no pudieron sostener los precios en dólares pos mega devaluación. Cambio de reglas de juego, le llaman.

El tarifazo no fue un Excel que se escapó a los controles de Jefatura de Gabinete. Fue una decisión política a conciencia del Presidente. Autocomplacidos con el objetivo de desarrollar un sector estratégico y así el país, propiciaron un defalco histórico e injusto con un gran daño social. Posiblemente carecen de la conciencia necesaria como para entender el impacto que este lujo provocaría.

Encima, los aumentos excesivos estuvieron en la génesis de la crisis cambiaria. Y mostraron una llamativa impericia en el manejo de la macroeconomía. Proclamado por el mismo Gobierno, la baja de la inflación sería el principal indicador del éxito de la política económica. Con los aumentos del gas natural que retroalimentan los de la luz impulsaron el índice de inflación. Apareció el relato de la inflación núcleo, pero no alcanzó. Los aumentos tarifarios impactan en toda la actividad económica. La alta inflación alimentó la denominada bola de Lebacs, el atraso del dólar y la desconfianza en la capacidad del Gobierno para dominar la economía. Que se derrumbó a partir de abril. El costo de la crisis está siendo afrontado por los mismos sectores a quienes se había cargado, por anticipado, el esfuerzo del desarrollo de Vaca Muerta.

 

 

Source: Tarifazo innecesario y Vaca Muerta – Infobae