Un millonario mercado negro que se alimenta de los robos en Vaca Muerta

Los casos se repiten y ponen en la mira los controles. La vulnerabilidad de los extensos yacimientos y el accionar de personas idóneas hace que cada golpe deje cuantiosas pérdidas.

Rió Negro

Miguel Suarez

El robo de dos camiones con equipamiento industrial a la empresa Pecom el domingo pasado puso sobre la mesa, una vez más, un problema que envuelve a Vaca Muerta y al que las operadoras, la Policía y el gobierno no pueden dar respuesta: todo lo que se roban en los yacimientos se vuelve a introducir, por medio del mercado negro, al corazón de la industria.

No existe un número anual que permita dimensionar la situación, sin embargo cada golpe regular puede costar entre 5.000 y 10.000 dólares. El caso registrado el fin de semana en Añelo fue valuado en alrededor de 10 millones de pesos. Y en la industria se recuerda aún el robo de válvulas en 2014, un golpe tan grotesco como las dimensiones de los equipos, que se tasó en 20 millones de pesos.

En el sector no se habla de bandas que operen coordinadamente, pero si se reconoce que los robos existen, que quienes roban tienen mano calificada y que lo que se busca son herramientas específicas, que luego son adulteradas y finalmente revendidas a menor precio a empresas pequeñas o proveedoras, que suelen ser contratistas de las grandes operadoras y que cierran el circuito de la ilegalidad.

El caso de Pecom ocurrió el domingo por la tarde a 21 kilómetros de Añelo. Entre tres y cinco personas asaltaron y maniataron a un sereno y se llevaron dos vehículos que sospechosamente tenían sus sistemas de GPS desconectado.

El hecho salió de los estándares porque según la denuncia con la que cuentan la justicia y la policía, los delincuentes manejaban al menos un revólver y estaban a cara semicubierta o descubierta. Una situación poco común, ya que en la zona los métodos suelen ser sigilosos.

En números

$3.000.000

es el valor aproximado de un camión con hidrogrúa similar a a los que fueron sustraídos el domingo en Añelo.

$1.200.000

estaban tazadas las motosoldadoras que estaban sobre los rodados. Son equipos a combustión.

En Vaca Muerta existen yacimientos que tienen más de 200 kilómetros cuadrados, una superficie casi del doble de Neuquén capital, las locaciones tienen un único portón de entrada y salida pero los terrenos tan amplios que se vuelven imposibles de vigilar. La verdadera puerta de ingreso, reconocen los investigadores, son la decenas de picadas que cortan los bloques en distintas direcciones.

Es allí donde las camionetas todo terreno marcan diferencia, porque permiten acceder a lugares inalcanzables.

Los robos son hormiga, se carga todo lo que entre en la caja de una pick up. Nadie sospecharía en un yacimiento de una camioneta blanca que circule con materiales. Siempre buscan herramientas específicas, caños de la industria y el cobre de los cable, las máquinas de gran porte quedan excluidas por su peso y porque son difíciles de volver a colocar en la industria.

Las fuentes consultadas del sector, que prefirieron no ser identificadas, detallaron que la gente que se dedica a este tipo de robos conoce del tema y que se han registrado faltantes hasta en pozos en plena operación. “Saben lo que buscan y donde pueden meter la mano, la meten”, explicaron a este medio.

Lo robado se revende a precios menores, a empresas proveedoras y prestadoras de servicios. Los controles son laxos en ese sentido y solo las maquinaras de mayor porte quedan sujeta a estrictas inspecciones.

A través de su numeración se puede realizar una trazabilidad del artículo, esto se aplica por ejemplo a las válvulas y manillares que se operan en lo pozos.

“Existen 10 o 15 proveedoras o empresas que pueden acceder a este tipo de elementos, quiere decir que si se investiga un poco, las cosas se recuperan”, se explayó una fuente de la seguridad privada.

Este tipo de situaciones está naturalizado en Vaca Muerta, incluso las empresas incluyen en sus balances anuales los gastos por eventuales robos, hurtos y perdidas.

Buscan el segundo camión
Tras el robo de los dos rodados, uno de ellos apareció abandonado en la localidad rionegrina de CampoGrande, en un camino alternativo y con la cabina totalmente incendiada. Las motosoldadoras no se hallaron. Hasta el momento se sabe por medio de cámaras de seguridad que ambos camiones huyeron de Añelo por medio de una ruta secundaria.

En el caso intervino la fiscal de Robos y Hurtos, Soledad Rangone, y la dirección de Delitos de la Policía. Si bien el caso se investiga con hermetismo, uno de los primeros datos a corroborar es el funcionamiento de los sistemas de GPS, lo que quieren determinar es si los equipos pudieron ser desconectados durante el robo o si se encontraban inhabilitados desde antes.

Un caso con abultadas cifras que terminó en la nada

El círculo negro de las herramientas petroleras se comenzó a conocer a finales del año 2014, cuando la justicia y la policía desarticularon una banda que se dedicaba al robo de válvulas en Añelo. Si bien el caso tomó notoria trascendencia púbica, con el paso de los años la causa se empolvó y terminó en el archivo.

La investigación comenzó por la denuncia de un gerente de YPF y un supervisor de una empresa de seguridad, radicada el 16 de junio del 2014.

El 23 de diciembre de ese año, la policía realizó al menos seis allanamientos en Neuquén y en Rincón de los Sauces, hubo al menos dos detenidos y se procedió al secuestro de 22 equipos importados y valuados en unos 20.000.000 de pesos.

Por ese hecho hubo al menos cuatro imputados en junio del 2015, el delito que se les atribuyó fue el de encubrimiento agravado por el ánimo de lucro.

La maniobra comenzaba con la adulteración de los remitos de las empresas que de buena fe los transportaban. Luego se llevaban las válvulas a los parques industriales de Neuquén y Añelo, en donde se las mantenía por una semana “para que se enfríen” .

Los instrumentos, pesaban entre 500 y 1.000 kilogramos cada uno, para los traslados utilizaban camiones con hidrogrúas. Las llevaban a lugares donde eliminaban toda marca identificatoria, las pintaban y las comercializaban con empresas “fantasmas”, simulando ser de servicios petroleros para vender los costosos equipos.

Las investigaciones apuntaron en un principio a decenas de implicados a lo largo de la cadena de comercialización, entre ellos algunos empleados de la petrolera nacional y de una firma de seguridad, quienes facilitaban el acceso a los yacimiento.